El objetivo
Cuando este proyecto llegó a nuestras manos, teníamos algo claro: un hotel remodelado necesita más que una renovación física, necesita una identidad que lo conecte, lo defina y lo haga sentir. El reto era encontrar ese nombre y ese logotipo que fueran completamente afines al concepto: un espacio pensado para el ejecutivo que viaja y la familia que lo acompaña. Donde el tiempo se detiene a descansar antes de seguir el viaje. Habitaciones listas para la junta del día siguiente y para el descanso que la noche merece. Por eso, además del naming y la identidad visual, nos propusimos encontrar el lenguaje fotográfico que hiciera sentir la marca antes de que alguien cruzara la puerta.
La solución
Así nació Miranthia. Un nombre que no se inventa, se descubre. Surge de la unión entre mirar y una sonoridad etérea que remite a anthos, flor en griego, un guiño directo a Cuernavaca, la Ciudad de la Eterna Primavera. El sufijo –ia lo convierte en lugar: este es el espacio donde la mirada se posa, respira y encuentra algo que valió la pena ver. Miranthia no solo nombra un hotel, evoca una experiencia: la luz filtrándose entre texturas, la arquitectura abriéndose como atractivo visual, el atardecer de Cuernavaca como telón de fondo de cada estancia. Desde ahí nació también el logotipo, moderno y con alma, inspirado en esos cielos que esta ciudad regala al caer el día. Y para cerrar el círculo, definimos un estilo fotográfico elegante e industrial, que juega con los contrastes entre la luz natural y la artificial, porque Miranthia es exactamente eso: un lugar donde conviven la calidez y la sofisticación, el movimiento y el reposo.